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martes, 27 de diciembre de 2016

Equipos de fútbol con el águila bicéfala en el escudo


Este año no podrá celebrarse, ya que el Talavera perdió la categoría la pasada campaña y no coincidirán en Segunda B, donde el Toledo, el equipo de la capital de provincia marcha en segunda posición, tratando de recuperar la división de plata por la que se codeó en los 90. Ambos equipos comparten una simbología clara en sus escudos. Una corona encabezando un águila bicéfala, y en el centro el nombre del equipo y un escudo, con un balón de fútbol en el caso del Toledo. Y una torre y dos vacas, cada una mirando a un lado, escudo de la ciudad de Talavera de la Reina. 

Como bien publicó la fantástica web Paladar Negro en su texto sobre símbolos compartidos preparó una bonita infografía sobre equipos que compartían el águila bicéfala en sus escudos. En ella se encontraba incluso el duelo griego entre PAOK de Salonica y AEK de Atenas, que incluso recibe el sobrenombre del clásico del águila bicéfala. 

No solo a nivel de clubes. Las Federaciones rusa, albanesa y montenegrina también cuentan con el águila bicéfala en sus respectivos escudos. Así como diversos clubes. El Konyaspor turco o los albaneses Mamurrasi, Çakrani, Domozdova. También ya vimos el caso del equipo chipriota Doxa Kapiotia.


¿De donde procede esta simbología común que vincula a países tan diversos como España, Rusia, Albania o Montenegro en fútbol? Pero que también encontramos en municipios y ciudades de Alemania, Países Bajos Austria o Serbia. El águila de dos cabezas con las alas extendidas comenzó a ser utilizado por dinastía Paleólogo, que reinarían en el Imperio Bizantino los últimos tres siglos del mismo y se dotaron de dicho escudo. Sus enlaces con familias de Occidente comenzaron a extenderlo por Europa. En ocasiones se ha dicho que parte de su simbología pretendía representar ese punto de unión entre Oriente y Occidente.

Después el escudo fue empleado por diversas casas europeas. Carlos I lo introdujo en España y sería mantenido por la casa de los Austrias hasta el fin de su dinastía en el 1700. La Casa Real austriaca también hasta la proclamación de la República, y la separación de Hungría, tras la I Guerra Mundial. En Rusia se introdujo en el siglo XV a partir del zar Ivan III y se convirtió en uno de los símbolos nacionales. Con el triunfo de la Revolución Rusa fue apartado, hasta la desintegración de la URSS en que fue recuperado. Y esa influencia rusa hizo que se trasladase a otros estados como Serbia, Albania o Montenegro. En el caso de los equipos de fútbol griego, vino a partir de la llegada a las ciudades de Salónica y Atenas, de refugiados de Constantinopla procedentes de la guerra greco-turca (1919-1922). Ambos conjuntos, inspirados en ese origen bizantino, apostaron por incluir al águila de dos cabezas en sus escudos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

De nuevo el fútbol es la excusa para encender los Balcanes

Europa tuvo que superar la depresión del siglo XX. Dos guerra mundiales dejaron el continente devastado. A nivel social, económico, poblacional... Pero no solo eso, la vieja Europa que siempre había dirigido el mundo debía ceder su papel hegemónica a Washington, Moscú o incluso otras potencias emergentes. El cambio de paradigma era un hecho. Las antiguas naciones dominantes, perdían su grandeza y en ocasiones pasaban a ser meros satélites ajenos.

Europa decidió reinventarse. Se atrevió a un aventurado experimento. Su integración entre diferentes naciones. Abandonar la guerra como resolución de conflictos y crear una poderosa comunidad, derribando fronteras, dando libertad de movimientos a ciudadanos y mercancías, crear su propio mercado y moneda comunes y regirse por unas pautas comunes y unos mecanismos de solidaridad entre miembros. 

El experimento resultó durante casi 50 años. La guerra desapareció del suelo europeo y el futuro parecía esperanzador. Los conflictos se resolvían sin armas y como brillantemente acuñó Paul Auster "el fútbol fue un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse".

Pero la esperanzadora e ilusionante Unión, que había visto caer el Muro, asistía perpleja y sin capacidad de reacción al estallido de los Balcanes. Guerra, genocidio, víctimas civiles y una sensación de incapacidad mostraron las primeras carencias del ambicioso proyecto. El fútbol además sirvió como detonante definitivo con la patada que propició Boban a un policía yugoslavo en un partido entre Estrella Roja y Dinamo de Zagreb.

Miles de muertos después, consiguiendo incluso la primera intervención militar de la OTAN (algo que no se llevó a cabo ni durante la Guerra Fría) Yugoslavia daba paso a nuevos Estados pero todavía con muchas heridas y frentes abiertos entre ellos. Hoy, de nuevo el fútbol avivaba esos sentimientos.

En el partido clasificatorio para la Eurocopa 2016, en Belgrado, Serbia y Albania debían verse las caras. La UEFA, que sí tiene emparejamientos prohibidos por cuestiones políticas, no actúa igual con la exyugoslavia. Aún así era consciente del riesgo había prohibido el desplazamiento de aficionados. Pero supuestamente un pequeño grupo de albaneses residentes en Serbia accedió al estadio. Y lograron, mediante una aeronave, desplegar una bandera de la Gran Albania (que reivindica como propia la región de Kosovo) sobre el terreno de juego. Mitrovic, jugador serbio decidió retirarla con vehemencia, desatando una amplia tangana con los jugadores albaneses. El agravio se desplazaba también a la grada. Invasión de campo, bengalas, intentos de asalto. Los jugadores albaneses se retiraban entre multitud de objetos arrojados y el arbitro decidía suspender el partido. Entre los detenidos por el incidente de la bandera aparece uno de los hermanos del Primer Ministro de Albania... 

Pero como vemos, los Balcanes siguen encendidos y el fútbol de nuevo resulta una excusa idónea para despertarlo.