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jueves, 23 de abril de 2020

Zagorakis-Choutos dos tragedias griegas de fútbol y política



Hasta hace no mucho Grecia no podía presumir de un brillante palmares futbolístico. A nivel de clubes, los grandes dominadores del campeonato domestico no tienen ningún título continental en sus vitrinas. El Panathinaikos llegó a la final de la Copa de Europa en 1971 perdiendo ante el Ajax que lideraba un tal Johan Cruyff. El Olympiakos ha tenido su techo en los cuartos de final. En la UEFA, segundo torneo continental... tampoco Grecia tiene ganadores, ni tan siquiera ha colado a sus clubes en finales. Y con la Selección, tampoco había páginas destacadas. En el siglo XX apenas una participación en un Mundial (EEUU 94) y en la Eurocopa (Italia 1980), y ambas terminadas en la primera fase. Hasta que Grecia en 2004, en su segunda participación en una Eurocopa, cambió el signo de la historia. Contra todo pronostico, dirigidas por el alemán Otto Rehhagel, Grecia levantó el título sobre el suelo de Lisboa.

ZAGORAKIS, TRAYECTORIA Y LA EURO 2004
Considerado un triunfo de poco prestigio, prácticamente ninguno de los integrantes de ese conjunto griego dio el salto a equipos de mayor enjundia. Quizá Seitaridis, aunque decepcionó en Rusia, Portugal y en el Atlético de Madrid sea la única excepción. El resto o permanecieron en sus clubes, o sus fichajes no parecían un tremendo salto de calidad. Ni siquiera, el mejor jugador del torneo, Theodoros Zagorakis encontró destino más allá de un Bolonia que además perdería la categoría al año siguiente. Fuerte contraste con por ejemplo, la revelación Republica Checa en 1996 donde jugadores como Poborski, Nedvel, Bejbl o Kouba fueron firmados por conjuntos de más renombre.

Pero de esos caminos griegos esconden más historias... Zagorakis llegó a ser el mejor futbolista del torneo. El centrocampista, capitán del equipo quedo convertido en héroe nacional, es el jugador con más partidos absoluto de la Selección con más de 120 internacionalidades desde que debutase en 1994. A priori, su carrera a nivel de clubes apenas cuenta con historias destacadas. Empezó en el Kavala, dio el salto al PAOK de Salonica, probó suerte en la Premier con el Leicester sin destacar, regresó a su país con el AEK en 2002 con el que ganó la Copa de Grecia. Tras el triunfo en la Eurocopa firmó por el Bolonia de la liga italiana, pero el equipo descendió y decidió retornar al PAOK hasta su retirada en 2007. Pese a que parezca un curriculum deportivo del montón. Zagorakis y esa Selección de Grecia son el ejemplo que sin nombres destacados, sin fueras de series o cracks, el esfuerzo, el trabajo o la organización pueden suplirlo y conquistar la cima incluso en el fútbol tan profesionalizado.

CHOUTOS, LA PROMESA QUE SE PERDIÓ
Si de esa Selección, pocos nombres habían pasado por grandes clubes (Karagounis estuvo en el Inter un par de campañas, Seitaridis defraudó en Oporto y Atlético, Dellas en la Roma, o el delantero Charisteas con el Ajax y con el pocas veces recordado Werder Bremen que hizo doblete en 2004), había un chico que apuntaba a ser la sensación y líder de la Selección Griega con apenas 16 años. Que coincidió con Zagorakis en la Selección entre los años 2000 y 2003, cuando el equipo iba formándose de cara al 2004 (con victoria en la Romareda incluida en la fase de clasificación). Lampros Choutos parecía ser el futuro. Formado en el Panathinaikos comienzan a destacar sus cifras goleadoras tanto que la Roma con apenas 15 años decide incorporarlo para sus categorías inferiores.

Con 16 años hace un precoz debut en el calcio sustituyendo a Totti en un duelo contra el Napoles en 1996, aunque será una aparición fugaz ya que apenas tendrá participación en los años siguientes. Aún así, el Olympiakos se lanza a recuperar a ese perla griega exiliada en el calcio y cuaja buenos años en el equipo de la capital que conquistará cuatro ligas de forma consecutiva y Choutos juega y anota goles tanto en Liga como en Champions. Eso hace también que con apenas 20 años debute con la Selección absoluta griega. Es el año 2000 y aunque comienzan a golpearle algunas lesiones, Choutos apunta a buen delantero. 

Tanto, que el calcio vuelve a confiar en él y es el Inter que entrena Roberto Mancini el que decide reclutarlo. Aún así, la competencia en la delantera es abrumadora. Vieri, Recoba, Adriano, Martins... Choutos no encuentra hueco. También su rodilla sigue fallando y esas inoportunas lesiones frenan su progresión. Con 10 apariciones y 3 goles desaparece de las convocatorias de Otto Rehhagel en agosto de 2003 y ya no estará entre los convocados a la triunfante Eurocopa de 2004... ni tampoco retornará nunca más a la Selección. Del Inter, sale y prueba fortuna con variadas cesiones en Atalanta y Reggina o en el Mallorca pero con escasas participaciones. Y la estrella de Choutos se fue apagando. Pese a regresar a Grecia, con el Panionios o el PAOK... finalmente colgó las botas en 2010 en un equipo menor de Italia.

EL SALTO A LA POLÍTICA 
Curiosamente Zagorakis y Choutos coincidieron en su destino posterior. Aunque de nuevo, como pasó en la senda futbolística con suerte dispar y mucho más exitosa para el centrocampista del PAOK. 

Zagorakis disfrutó de un partido de homenaje de la Selección en el estadio del PAOK en 2007 contra España. Con la aclamación y el aplauso de su afición. Además, accedería a la presidencia del club de Salonica cuando el equipo atravesaba un pésimo momento financiero. Cerrada esa etapa, con un subcampeonato liguero dejó el cargo en 2010. Y, desde 2014, se presentó a las Elecciones Europeas como miembro de Nueva Democracia, obteniendo acta de Eurodiputado, circunstancia que repetiría en  este 2020

Choutos también dio el salto a la arena política y también presentó candidatura en las elecciones europeas de 2020 pero la formación con la que concurría, la "Lista Cívica" que lidera Ilias Psinakis no alcanzó el 1% votos y no obtuvo representación, dejando al ex delanteros sin silla en Estrasburgo. Al menos logró el apoyo de su ex entrenador en el Inter y actual Seleccionador Italiano, Roberto Mancini que a través de redes sociales le mandó un mensaje de apoyo.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Claudio Ranieri y su renacimiento

Una vez comencé a preparar un artículo sobre los entrenadores italianos que habían pasado por España. Iba relacionado a uno de los textos más leídos en la historia del blog, "Las abundantes simpatías fascistas en el fútbol italiano" (agosto 2012). A Capello se le escaparon unas declaraciones elogiando a Franco, que luego intentaron ser matizadas. Mucho más reciente Arrigo Sacchi decía que había demasiados negros en las categorías inferiores de Italia y que por ello Italia no tenía dignidad ni orgullo, pero rechazaba que sus declaraciones tuvieran tintes racistas. Así que me dio por mirar al bueno de Ranieri, y a aquel breve paso de Gianni de Biasi por el Levante, un hombre que no hizo mala campaña con lo que se encontró en Valencia y que ahora ha conseguido cierto reconocimiento por su meritorio papel con Albania.

Claudio Ranieri es desde luego un técnico ampliamente conocido. Larga trayectoria que le ha llevado a dirigir en cuatro países, y además de estar un tiempo (desastroso, eso sí) al frente de la Selección de Grecia. En España, le pudimos ver en Valencia y en el Atlético.

Mucho antes de eso, Ranieri era un chico nacido en Roma, que con nueve años se colaba en el autobús para presenciar los Juegos Olímpicos de 1960. Quizá eso sirvió para despertarle pasión por el deporte. Mientras el resto de sus hermanos continuó con el oficio familiar de carnicero, Ranieri se esforzó para acabar el colegio y destacar en el fútbol. Y a base de esfuerzo, de adaptarse a jugar de defensa fue escalando en la Roma. Hasta hacer su debut en la serie A de la mano del mítico Helenio Herrera. Después jugaría con el Catanzaro ocho campañas, con ascensos y descensos entre la serie B y la máxima categoría, para acabar disputando el final de su carrera en Sicilia, primero en el Catania y luego en el Palermo.

Ranieri, no se alejó del fútbol y se convirtió en entrenador. Y pronto comenzó con éxitos destacados. Tras breves experiencias en equipos menores, su primera hazaña fue hacerse cargo del Cagliari, al que ascendió de la serie C1 a la A, y consiguió mantenerlo en la máxima categoría. Después tuvo que lidiar con un Napoli posMaradona, y pese a obtener una decente cuarta plaza y consolidar a un joven Gianfranco Zola, el club no terminó de quedar satisfecho con su tarea. Su siguiente destino fue una Fiorentina, que afrontaba un año en serie B, y de nuevo Ranieri supo rescatarla, devolverla a la máxima categoría y no suficiente con esto, levantaría la Copa de Italia de de 1996. El año siguiente supera al Milan en la Supercopa y tras quedar en mitad de la tabla cierra su ciclo en Florencia. 

Inicia la temporada sin equipo, y de repente, alguien en Valencia decide fijarse en él para sustituir a Jorge Valdano, que inició la campaña de 1997 con tres derrotas consecutivas. Ranieri se hace cargo del club ché, y pese a ser recibido con bastante recelo (se dudaba de su estilo defensivo, para una plantilla diseñada para Valdano.). La prensa tuvo razón. Romario, petición expresa de Valdano fue rápidamente devuelto a Brasil. El Burrito Ortega, pasó a un papel secundario. Los jugadores criticaron al entrenador sin tapujos, pero Ranieri a base de trabajo y resultados supo ganarse a club y afición. Consigue entrar en Europa vía intertoto. El año siguiente se mete en Champions y un destacadisimo Valencia levanta la Copa del Rey tras vencer en la final al Atlético por 3-0, endosar un 6-0 al Madrid en Semifinales y haberse cargado al Barça en cuartos tanto en la ida como en la vuelta. Saldría de Mestalla con admiración, algo nada sencillo en una de las aficiones más exigentes de España con sus entrenadores. Su destino sería el Atlético de Madrid, por entonces en mano de la familia Gil. E iniciaría la desastrosa campaña que terminaría con el descenso a segunda del club. Ranieri dimitió a mitad de temporada cuando el conjunto colchonero ya se encontraba bajo administración judicial.  

De España, dio el salto a un Chelsea de la época preAbramovich. También fue recibido con dudas. Un inglés escaso, mayor simpatía por su predecesor, el también italiano Vialli. Y el caso es que no tuvo un mal papel. Se le exigió entrar en Europa y lo hizo. El año siguiente, llegó el ciclón Abramovich. Su nombre parecía ser el primero en salir, pero la imposibilidad de contratar a Sven Goan Erickson le hizo mantenerse en el cargo. Alcanzó semifinales de Champions, hizo un plantel interesante y comenzó a sentar las bases del nuevo rico Chelsea. Con una buena indemnización para dejar paso a Mourinho, se encontró la llamada de nuevo del Valencia. Campeón de Liga y de UEFA pero sin ocupante en el banquillo ya que técnico Rafa Benítez había puesto rumbo a Anfield. "Si el Valencia me llama, voy nadando", llegó a afirmar. Pero la segunda etapa en Mestalla resultó horrible. Eliminado en febrero de la UEFA por el Steaua de Bucarest, alejado de las posiciones destacadas en Liga... el crédito y su cariño se esfumaron y fue despedido en pocos meses. 

Hubo que esperar dos años de descanso para volver a ver a Ranieri al frente de un equipo. Sería en 2007 en el Parma, regresando a Italia, y salvando al equipo del descenso. Así que, su buen hacer hizo que se le ofreciera uno de los banquillos más codiciados de Italia. La Juventus que acaba de conseguir el ascenso a serie A de la mano de Didier Deschamps. Pero el técnico francés no continua en el equipo turinés y el elegido es Ranieri. Con él, la Vechia Signora consigue también retornar a la Champions, pero permanece alejada del título, y es destituido a final de temporada.

De nuevo tendría ofertas de banquillos golosos. La Roma, el club donde se formó de niño, le brinda la oportunidad de dirigirlo. Pese a sus conflictos con capitano Totti, el club finaliza su segundo a apenas dos puntos del Inter y roza el scudetto, también el Inter le impide levantar la Copa. Dos años después curiosamente pasará a dirigir al equipo milanés. La apuesta de Moratti para intentar reconducir al club desde la marcha de Mourinho, también fracasa con Ranieri. El equipo termina el año alejado de cualquier posición destacada...

Y de nuevo, Ranieri comienza una etapa sorprendente. Es el elegido por otro de los nuevos ricos europeos, y que a su vez debe protagonizar un rescate desde serie B, como en sus orígenes con Cagliari o Fiorentina: El Monaco. Ranieri diseña de nuevo un conjunto interesante, que sube sin problemas y en el siguiente año, pelea con PSG aunque finalizará segundo en la Ligue francesa. 

En 2014, Ranieri se aventura en su primera etapa como seleccionador nacional. Lo hace con Grecia, un país que estuvo en octavos en el mundial, apenas unos meses antes y que cayó en penaltys frente a Costa Rica. Sin embargo, el conjunto heleno toca suelo con el técnico italiano. En la fase de clasificación a la Eurocopa 2016, protagoniza sonrojantes derrotas. Parte desde el bombo 1 entre las selecciones más poderosas y sin embargo, finalizará la clasificación última de su grupo. Pierde todos los encuentros en casa salvo el último, incluyendo el duelo contra las débiles Islas Feroe. Ranieri es despedido sin discusión.

¿Sería el final para un entrenador de 64 años? Cuando dan el salto a dirigir selecciones, suele ser síntoma de ganas de reducir carga de trabajo... pero sin embargo, Ranieri recibió una oferta del modesto Leicester de la Premier League. Como sucedió en Valencia, como sucedió en el Chelsea, se le recibió con amplías dudas, cuasidesprecios... y ahora seis meses después, y finalizada la primera vuelta, el Leicister sigue en lo alto tras la primera vuelta. Comienzan a surgir los rumores de si el equipo aguantará. De si, de verdad, puede ganar la Liga... Veremos, pero desde luego Claudio Ranieri no estaba acabado aún...