Hace un mes la UEFA decidió multar con 15.000 euros a Antonio Cassano, porque en una rueda de prensa de la Eurocopa aseguró que "esperaba que no hubiera maricones de mierda" entre sus compañeros de la Selección italiana. Cassano, por sus declaraciones homofobas, quedaba vinculado a un amplio grupo de jugadores italianos que no disimulan su ideología política conservadora y que incluso, algunos casos han acabado en un reconocimiento de sus inclinaciones profascistas.
Sin duda, el merecedor de aparecer en primer lugar sería Paolo Di Canio, ya retirado, cuyo tatuaje de DUX, su saludo con el brazo estirado hacia los ultras del Lazio (la afición con más vinculaciones a la extrema derecha en Italia) o su admiración pública hacia Mussollini le convirtieron en un icono. Pero, Di Canio no era un caso único. No hubo que esperar mucho para encontrar otros simpatizantes.
A Buffon, portero de la Juve y de la Selección italiana le han perseguido varias actuaciones sospechosas. Su número 88 (vinculado al nazismo, por equipararse el 8 a la H y ser las siglas de Heil Hitler) en su etapa en el Parma, o posteriormente aparecer con una camiseta con el eslogan mussoliniano, Boia chi molla (A la guillotina el que se rinda) le lanzaron al panel de desconfianza. Nunca ha querido confirmar su ideología, y de hecho surgieron textos defendiéndole, como este de EL PAIS en el año 2000. Pero durante las fiestas de celebración del Mundial de 2006, se presentó con otra pancarta polémica, Fieri di essere italiani (Orgullosos de ser italianos), que acababa con otro símbolo nazi, una cruz celta... Más leña al fuego.
Otro portero, Christian Abbiati, ex del Atlético y ahora en el Milán sí que admitió sin disimulo su simpatía por el fascismo. Aseguró no compartirlo al 100% pero sí mostraba sus inclinaciones sobretodo en lo relativo a patria, religión y orden. También reconoció vinculaciones con la sede fascista Cuore Nero y poseer un busto de Mussollini. Y así fue como en los festejos del título liguero de 2011, decidió lucir una bandera con simbología fascista al hacerse la foto de campeones. No es el único que colecciona ese objeto de Il Duce, también reconocieron hacerlo el internacional Alberto Aquilani, ex Roma, Liverpool y Juventus, o Matteo Sereni, portero con una trayectoria errante entre Empoli, Brescia, Torino o Lazio.
Quizá en el grupo de Buffon, entre los no reconocidos pero con actuaciones altamente sospechosas habría que incluir a Fabio Cannavaro, balón de oro de 2006, ex jugador de Juventus y Real Madrid. Con la celebración del título liguero blanco de 2007 se acompañó de una bandera italiana con el emblema de la época fascista. Se disculpó y aseguró no haber reparado en ello, además de teorías conspirativas de haber sido arrojado escondida por los Ultras... Pero sus saludos y simpatías hacia esos mismos ultras en su despedida del Bernabeú tres años después, una campaña promoviendo unos campamentos de extrema derecha y manifestaciones en contra de la izquierda le han puesto también en un perspectiva, cuanto menos dudosa. También, como Cassano, se mostró francamente en contra de los matrimonios homosexuales. Y así podríamos seguir, quizá sin ubicarlos en el abanico fascista, pero De Rossi, centrocampista de la Roma y de la Selección, siempre se ha vinculado a Fuerza Nueva, otro ex Juve y Milan y también internacional como Legrottaglie afirmaba que los homosexuales padecían una enfermedad lamentable... O por último, el entrenador Fabio Capello que elogió el orden que dejó Franco en España.
Desde luego la balanza en el calcio se decanta claramente hacia la derecha. Con el oasis de Livorno y Chiristiano Lucarelli al frente, pocos resquicios quedan. El eterno capitán romanista Francesco Totti apoyó a Veltroni, candidato de izquierdas en 2008 y Massimo Moratti, propietario del Inter siempre ha sido un reconocido antifascista, pero parecen pequeñas lagunas en un fútbol donde la tendencia es la contraria.


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