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sábado, 9 de julio de 2011

El legado de Naranjito (y III)



Tras un insufrible comienzo para una pequeña naranja que fue insultada y vilipendiada allá por donde pasaba, lo cierto es que Gobierno, Federación y Organizadores no cedieron y Naranjito se mantuvo como la mascota para el Mundial de España. La naranja se fue consolidando, dispuso de su propia serie de Televisión, "Fútbol en acción" en la que junto a su novia Clementina y un grupo de amigos pretendía exhibir los mejores vídeos de los mundiales, haciendo frente al malvado Zruspa. La serie, en la parte de animación, muy típica de dibujos de la época.

El Mundial, a nivel deportivo fue un fracaso. España obtuvo los peores resultados como organizador (hasta que el pasado verano, Sudafrica nos "rescató" de ese logro). Pero Naranjito había sobrevivido, y ahora más de 25 años después es una figura pública recordada con simpatía. En el termómetro que es Facebook cuenta ahora mismo con 260.000 seguidores (posiblemente muchos no habían nacido cuando Naranjito se lucía por los campos españoles). Su presencia en llaveros, camisetas ha experimentado un tremendo auge e incluso, Eduardo Aldán decidió titular "Maldito Naranjito" en su última obra de teatro como mayor símbolo ochentero.

Lo curioso es que para sus diseñadores, Naranjito fue vendido por un millón de pesetas y debían renunciar a todos sus derechos de explotación. La Federación posteriormente ingresó 1400 millones y lo traspasó a una corporativa inglesa. Y ahora, más de 25 años después, Naranjito sigue reportando jugosas sumas convertido en un icono, querido y asentado en España.

Más información:
El duro nacimiento de Naranjito
Naranjito y su competencia

miércoles, 22 de junio de 2011

Naranjito y su competencia (II)

Noticia del ABC en la que llamaba la atención sobre la duplicidad de máscotas
No tuvo nada fácil Naranjito crecer. Tras un parto realmente difícil en el que no recibió ninguna palabra de cariño ni en los medios ni en los aficionados, pronto hizo frente a una dura competencia que le dificultaba consolidarse en su afán por convertirse en la mascota e icono del Mundial de España.

Primero tuvo que imponerse a sus rivales en la elección... Toribalón, un balón gigante con cabeza y extremidades del animal por excelencia de España fue el tercero y un niño torero que recibía el nombre de Brindis, y hacía ese gesto vestido con el uniforme de la Selección española y le acompañaba una pelota fue  la segunda elección. El jurado designado para elegirlo, acabó inclinándose por Naranjito por resultar una apuesta original, en una España escasa de símbolos nacionales que no causen agrios conflictos y que se alejase un poco de los Toros y de Don Quijote...


Pero lo cierto es que desde que se hizo pública la decisión, Naranjito recibió una crítica despiadada. Y encima, a la semana de ver la luz, la FIFA explicó que Naranjito debería compartir protagonismo co-oficial con el niño Billy, su mascota propia. De hecho, nuestra naranja era simplemente la mascota del comité organizador, mientras que el niño Billy es la de todos los torneos organizados por la FIFA, evidentemente, incluyendo la Copa del Mundo.

Esto dio lugar a una dificultosa explicación de las condiciones en la prensa, sobre derechos de marketing, publicidad, importancia... en la que se iniciaba una difícil coexistencia. Incluso se hizo público, que la FIFA podía haber vetado a "Brindis" por haber sido un niño y guardar excesiva semejanza con la suya.

Por si fuera poco el desfile, y la poca aceptación con la que disfrutaba Naranjito, en la que se ponía incluso su primacía en su propio Mundial, el sindicato español de futbolistas profesionales, la AFE que, al hilo de los nuevos tiempos se había institucionalizado en 1978, también se dotó una mascota en 1981, cuando Naranjito apenas tenía dos años y restaba otro para la celebración del Mundial. Se trataba de Andrés el Ciempiés, diseñado por Albert Rue. Era un ciempies rojizo que lucía guantes y gorra en su parte delantera, vestía una camisa roja y todos sus pies llevaban botas de fútbol. Desde luego, era original y simpática. Llegó a  tener implantación, aunque desapareció con el paso del tiempo, pero fue otra de las que restó protagonismo a Naranjito.

domingo, 19 de junio de 2011

El duro nacimiento de Naranjito (I)



La España de 1979 era convulsa, conflictiva, temerosa, con paro, crisis económica, terrorismo, intentonas golpistas, un Gobierno muy débil que intentaba llevar a cabo la transición del franquismo a la democracia sin ruptura, que debatía sobre ingresar en la OTAN y que apenas seis meses antes había logrado desarrollar una Constitución que fue aprobada en referéndum pero que todavía estaba muy lejos de quedar consolidada... Había un gran número de partidos, ideologías encontradas, un Ejercito tensionado y molesto por la legalización de muchos grupos izquierdistas, que habían estado prohibidos durante 40 años, mientras veía una cifras elevadísimas de caídos en sus filas victimas del terrorismo. Con todo este panorama, España debía ir preparando el Mundial que se celebraría en 1982. Acondicionar los estadios, cumplir medidas de seguridad e ir preparando a las ciudades para el despliegue que conlleva un evento de esta magnitud.

Pero una de las primeras decisiones que convulsionaron al país fue la elección de su mascota. Una naranja, redonda vestida con el uniforme de la Selección española y que recibía el nombre de “Naranjito”. El diseño de José María Martín, enviado desde Andalucía, se impuso al torero Brindis y a Toribalón en un concurso abierto y que premiaba con un millón de pesetas al diseñador ganador. Pero Naranjito recién nacido sufrió una crítica despiadada. 

Hay muchos artículos, que se pueden rescatar de las hemerotecas digitales. Valgan los ejemplos de EL PAIS,  y ABC. En el por entonces diario independiente de la mañana, basta ver lo publicado por Juan Benet o Rosa Montero el día 2 de mayo.

Benet pedía directamente en un artículo titulado “De Naranjero al Naranjito” “Suprimirlo, aniquilarlo, enterrarlo, olvidarlo como un mal sueño. Que no se reproduzca más, que no se publique, que no llegue a la retina de los españoles, que no asome a la calle ni alcance sus hogares.” "Espero fervientemente que el país no dejará crecer ese monstruo, insultante resumen de sus más sobresalientes defectos: la ramplonería, la voracidad, el homúnculo vegetal, la repugnante sonrisa, el satánico desprecio al ridículo. Por favor, que no se entere el mundo que hemos engendrado eso. Y para ello instaba a las más altas instancia “Será preciso apelar a los poderes públicos, al señor ministro de Cultura, a la Corona si es menester, pero que se suprima eso.” Y si estos no actuaban “Pero, por el contrario, si los poderes públicos no atienden esta vez la más sensata y humilde súplica; si permiten que viva el recién nacido, entonces que lluevan las dimisiones, que el país vaya a la huelga, que se produzca el colapso; y yo seré el primero en exhortar al pueblo a echarse a la calle para acabar con el monstruo.”

Rosa Montero tampoco se mordía la lengua en “El Naranjito”, “hay que ver lo horroroso que es El Naranjito” y hallaba reminiscencias franquistas “Tiene el dibujo de un no se qué de cosa vista ya mil veces: más que antiguo, el diseño es viejo, y los contornos del naranjoide traen ecos precisos a la memoria, ecos de grafía del franquismo tardío, del franquismo en pleno plan de desarrollo, porque la mascota parece una muestra para el stand de Agricultura de la exposición de los Veinticinco Años de Paz”. Incluso, esto le provocaba angustia a la escritora el dibujo me angustia levemente, me recuerda años púberes y llenos de susurros, años oscuros, sonrisas obligadas, ingenuidades mal llevadas, medallas oficiales. El Naranjito trae un cierto aroma a tecnocracia voluntarista dispuesta a hacer camino, y a la tala de árboles de las avenidas madrileñas, y a guateques en los que con el trote bailón se sudaban sangrías y represiones sexuales, y a ejercicios espirituales con trituración de pecadores. y entrechocar de dientes. O sea, un horror.”

En La Vanguardia Lluis Permanyer arremetía contra “ese monigote lamentable” el jurado que lo había seleccionado y veía un intento de beneficiar a ciertos sectores del negocio de la naranja. En el ABC, más pausado, era Lorenzo López Sancho el que se preguntaba “¿como serían los otros proyectos icónicos para que ganase “el naranjito”, "esa cosa inconcebible" y finalizaba con "nos merecemos una imagen mejor"

“FUERA ESE MAMARRACHO”
Pero el más celebre y que era directamente el Editorial del periódico era el empleado por EL PAÍS el día 1 de Mayo de 1979. Un directo “Fuera ese mamarracho” y que incluye párrafos tan hirientes hacia la mascota como:
“Los Ciudadanos españoles se han despertado con la pesadilla de que la imagen que va a servir para singularizar a nuestro país como organizador del próximo Campeonato Mundial de Fútbol es un horripilante engendro que trata de imitar los nefastos simbolismos antropomórficos del peor Walt Disney y que tiende a confundir el espíritu nacional con alguna marca de quinta fila de refrescos. El asunto no revestiría otro significado que demostrar que la España del gasógeno, del jeriñac y del estilo arquitectónico falso-herreriano sigue preocupantemente viva, si no fuera por el hecho de que ese grafismo cursi y hortera va a machacar nuestras retinas hasta 1982 y se va a convertir en el embajador de España en el planeta durante tres años.”
“Lo bochornoso es que ese Naranjito, premiado por un jurado al que su propio fallo descalifica, alcanza, en su realización gráfica, simas de mal gusto y cimas de cursilería que desafían cualquier reto. Ni siquiera ha conseguido el tono camp que permitiría a los humoristas reconciliarse con tan insigne mamarracho.” “Si alguien pretendiera emular el Manual de zoología fantástica, de Borges, con un prontuario de botánica imaginaria, este Naranjito sería, sin duda, hijo del subdesarrollo cultural y del infantilismo estético.”
“Sabemos que detrás de los símbolos hay siempre negocios. Pero tendría el Ministerio de Cultura -que además tiene bajo su férula las actividades deportivas- que tomar inmediatamente cartas en el asunto, suspender la ejecución de esa decisión y convocar un concurso abierto al que fueran invitados quienes pueden ofrecer garantías, por el talento demostrado en sus obras, de estar a la altura de ese reto y que todo ello sea dictaminado por un jurado competente desde presupuestos estéticos. Lo que sea, pero, que acaben con ese mamarracho.”